La tarde del sábado, Floria Márquez se despidió del mundo mientras cantaba. Su voz se apagó tras sufrir un ACV fulminante en plena presentación en El Hatillo.
El público, que la aplaudía emocionado, quedó en silencio. La artista interpretaba su segunda canción cuando colapsó en el escenario de Casa Anauco.
Pedro López, su esposo y pianista, confirmó el fallecimiento. “Mi amada Floria partió mientras cantaba, víctima de un ACV fulminante”, escribió con profundo dolor en Instagram.
La noticia conmocionó al país. Márquez, de 75 años, era símbolo de elegancia, pasión y entrega. Su legado musical marcó generaciones enteras en Venezuela.
Nacida en Caracas, provenía de una familia musical. Su madre, Bertha van Stenis, fue pianista clásica, y su hermano Rudy también brilló como cantautor.
Aunque inició su carrera a los 37 años, Floria conquistó rápidamente los escenarios. Su estilo único revitalizó el bolero en la escena nocturna caraqueña.
Firmó con Sony Music y grabó más de diez discos. Su voz recorrió teatros, sinfónicas y cafés-concert, dejando huella en cada rincón del país.
ACV fulminante en plena presentación conmueve a Venezuela y revive el valor del arte en vivo
Internacionalmente, brilló en Bahamas, México, Argentina y Estados Unidos. En Miami Beach, su show fue ovacionado en el Fontainebleau Hilton Hotel.
Compartió escena con leyendas como Manzanero, Los Panchos y Cheo Feliciano. Su talento trascendió géneros, generaciones y fronteras musicales.
También incursionó en el teatro, protagonizando obras como “Ella Sí Canta Boleros” y “La Cosa Es Amar”, que celebraban su esencia artística.
Su partida deja un vacío inmenso. Sin embargo, su voz seguirá viva en cada bolero, en cada nota que evoque amor y nostalgia.
Hoy, Venezuela llora a su “Show Woman”. Pero también celebra su vida, su arte y su valentía de morir haciendo lo que amaba.
Que su historia inspire a otros artistas a vivir con pasión. Que su memoria nos recuerde que el arte, cuando es auténtico, nunca muere.