Este año, Seligman estrenó en el ‘Festival de Cine South by Southwest’ El club de las peleadoras, su segundo largometraje, que este martes llega al streaming de la mano de Prime Video, una producción mucho más osada que Shiva Baby, mucho más abierta, pero con la exploración de temáticas similares, como la presión que sufre la juventud para definirse y la vulnerabilidad que conlleva ese proceso de autodescubrimiento. Sin embargo, aquí la directora -apuntalada por Sennott en el guion-, entrega una obra en la que mixtura de géneros y tonos prevalece como decisión estética y narrativa.
En su nuevo e inclasificable trabajo, la cineasta utiliza los tropos de las comedias estudiantiles, le suma una cuota importante de gore, viñetas de acción de construcción meticulosa, y lo hace con dos protagonistas queer comandando el relato. Sennott interpreta a PJ, una joven gay que está enamorada de su compañera de la secundaria, Brittany (Kaia Gerber), quien no le presta demasiada atención por considerarla, al menos en un principio, una de las “losers” (perdedoras) del colegio. Lo mismo le sucede a su mejor amiga, Josie (la actriz de El Oso, Ayo Edebiri), quien apenas se anima a hablarle a Isabel (Havana Rose Liu), la joven que monopoliza sus sentimientos, pensamientos y discursos.
El club eventualmente cobra forma y Seligman entrega escenas brutales e hilarantes, apretando el acelerador sin mirar atrás, sin replegarse para que su película vuelva a un terreno menos incómodo. Por el contrario, al igual que con Shiva Baby, el sello de la realizadora es precisamente lo cómoda que se siente en esa incomodidad con la que desafía al espectador y su tolerancia. Asimismo, cada gag, cada uso de canción, cada momento improvisado por Edebiri, funciona de manera orgánica para un relato sobre dos jóvenes abiertamente gays que terminan, sin buscarlo, forjando un espacio seguro para las mujeres.
La sororidad, en El club de las peleadoras, no se aborda con solemnidad sino de manera filosa, ágil, con una realizadora que tiene una visión muy clara, aunque esto implique la inclusión de un clímax desatado y feroz que puede dividir opiniones, una secuencia extraordinaria con la que se ratifica el valor de la amistad en un mundo habituado a encasillar a las mujeres. Con su flamante largometraje, Seligman viene a derribar las jerarquías y lo hace del mejor modo posible: llevándose todo puesto a su paso, le guste a quien le guste.
LA NACIÓN