Richard Gere (Filadelfia, 1949) recibe a un reducido grupo de periodistas en la habitación de un céntrico hotel de Barcelona agitando los brazos y saludándoles con una sonrisa conforme entran. “Llevo todo el día hablando”, dice a la prensa, con la que parece disculparse tras más de una hora de retraso para la entrevista. Ocho años después de acudir a la primera edición del BCN Film Fest protagonizando el filme Norman, el hombre que lo conseguía todo, el famoso actor estadounidense, que profesa la religión budista tibetana, regresa de nuevo al certamen como productor ejecutivo de Sabiduría y felicidad, un documental en el que el XIV Dalai Lama, del que es muy amigo y alumno, habla de forma íntima al espectador a modo de reflexión sobre cómo alcanzar la felicidad y la paz interior en un mundo tan complejo.
“Lo extraordinario es que ves eso con Su Santidad y piensas que todo es posible si nos esforzamos. Con cerca de 90 años todavía se levanta a las 3:30 de la madrugada para hacer sus meditaciones y trabajar con la mente y el corazón. Es alguien que, incluso en sus sueños, piensa en ayudar a la gente”. Y echa mano de la metáfora del piano para reivindicar la necesidad del esfuerzo para mejorar las cosas: “Si quieres tocar el piano, no lo haces pensando ni rezando. Te levantas y practicas todos los días. Así que todo es posible, pero tienes que esforzarte”, recalca mientras prosigue: “Pero es extraño, porque en el mundo actual la gente no medita en el amor y la compasión, sino en el poder, el control y la oscuridad. Y, por desgracia, elegimos líderes que refuerzan ese tipo de meditación”.
Líderes como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del que desconoce a qué juega con las políticas que está impulsando desde la Casa Blanca. “He hablado con mis amigos republicanos, he hablado con mis amigos del mundo no gubernamental, he hablado con mis amigos demócratas y nadie puede entender de dónde viene este tipo. Aparte del hecho de que parece disfrutar mucho del caos. Y no tiene ninguna moralidad. Es como un niño mimado al que le gusta destruir cosas”. Cumplidos los primeros cien días de gobierno Trump, el actor confiesa: “Me horroriza la falta de republicanos críticos con estas políticas tan terribles, unos republicanos que antes defendían los programas de ayuda alimentaria en todo el mundo, por ejemplo, y hasta han detenido los programas de comida en las escuelas norteamericanas”. Defiende, por eso, que solo hay una republicana, la senadora de Alaska Lisa Murkowski, que se ha atrevido a votar “en contra de todos esos idiotas y que está criticando esas políticas”.
Gere ha recordado que si tuviera que contar cómo se convirtió en un actor mundialmente famoso en una película, la primera escena que le viene a la mente es “mi primera profesora de actuación en la Universidad de Massachusetts. Se llamaba Doris Abramson. Ella fue, quizás la primera que me inspiró y me dio confianza”.
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Antes de despedirse, ha anunciado que se disponía a visitar el barco de Open Arms, una oenegé española con la que está también muy comprometido. “Hacen un trabajo extraordinario”.
Anoche, acompañado de su esposa, la empresaria española Alejandra Silva, con la que vive actualmente junto a sus hijos en Madrid, el actor desfiló por la alfombra roja de los cines Verdi de Gràcia. Tras la proyección del documental, Gere y los directores Barbara Miller y Philip Delaquis mantuvieron un coloquio con el público en el que el actor apuntó que coincide con el Dalái Lama cuando este dice que si las mujeres controlaran más el mundo todo iría mejor, porque son capaces de mostrar más afinidad, compasión y simpatía: “Sustituiría a Trump por cualquier mujer de esta sala”, apuntó.