“Viejos”, del director M. Night Shyamalan, se sumó al catálogo de Netflix y la respuesta del público ha sido inmediata. El filme -protagonizado por Gael García Bernal, Vicky Krieps y Rufus Sewell que adapta la novela gráfica “Castillo de arena”, de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters- se coló en la lista de favoritas.
Nada descabellado pues Shyamalan cuenta en su currículo con películas como “Sexto sentido”, “El protegido”, “Señales”, “La aldea” y “La dama en el agua”. Más recientemente, “Fragmentado”, “Glass” y “Llaman a la puerta”. Su ingenio detrás del lente y su creatividad, en la redacción de guiones, lo vuelven un cineasta audaz y arriesgado.
A pesar de su trama, “Viejos” es una película que no le robará muchos minutos de vida pues su extensión es de solo 1 hora 48 minutos.
Sin perder su intensidad y forma de contar, el realizador gira su mirada en una trama que aborda el ciclo de la vida. Lo hace por una razón esencial: explorar lo que sentía al ver a sus padres envejecer. Claro que dar espacio a los misterios y temores detrás de envejecer se vuelven atractivos para quienes ven caer las hojas del almanaque. Y en este sentido el director indio-estadounidense sabe dar un paso adelante.
En tono de suspenso este viaje familiar se volverá una pesadilla. También ocurrirá con el resto de personajes que interactúan, dejando pistas que acaban con el enigma. Fluido, elegante y disruptivo, el cineasta echa mano al sonido para sacudir.
Pero “Viejos” no es una película nueva. La historia llegó primero a los cines (el 23 de julio de 2021).
¿De qué va?
Un viaje familiar a una playa aislada se transformará en una pesadilla cuando sus protagonistas descubran que envejecen velozmente. Sin escapatoria, esta lucha contrarreloj jugará malas pasadas a la mente que acabará al borde de la locura.
La película inicia con la familia conformada por Guy y Prisca Capa (Gael García Bernal y Vicky Krieps) su hija Maddox (Alexa Swinton) de 11 años, y su hijo Trent (Nolan River) de 6, llegando a un resort. En medio de la belleza natural, la pareja lucha además contra el divorcio y los problemas de salud de Prisca. Invitados a visitar una playa escondida se cruzarán allí con un cadáver. Acto seguido, los hijos lucirán cinco años mayores.
La trama se disocia de la obra original al alejarse de la idea de que los padres, en lugar de luchar contra el tiempo, se propondrán disfrutar sus últimos minutos de vida junto a sus seres queridos.
La trama se diluye en esa constante necesidad de darle explicación científica a lo que está ocurriendo.
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